Soupe à l’oignon

¡Hola devoradores!

Porque no solo de dulces se vive, hoy os traigo una receta exquisita, típica francesa (país y gastronomía que adoro), y que en estos días de frío sienta de vicio. Esta sopa es absolutamente maravillosa y más si tenemos en cuenta lo sencillo de sus ingredientes, pero solo la he comido estando en Francia y siempre había pensado que era muy complicada de preparar y no me atrevía a ponerme a ello, pero la echaba de menos porque me encanta, así que esta semana me he puesto a ello, y ¡oye! es facílisima de preparar, el único problemilla es que lleva un ratito, así que hay que ponerse con al menos una horita y media para hacerla con calma.

He utilizado la receta de La cuisine de Bernard, un blog que sigo desde hace tiempo y por el que da gusto pasearse, así que os pongo la recetita pero os pasáis por allí para ver las fotos, porque tiene un paso a paso perfecto. Así que aquí os dejo solo una fotito mía porque con las de Bernard ya hay suficiente (bueno y que se me olvidó ir tomando fotos y aunque me hubiera acordado no tenía las baterías cargadas… en fin).

Deliciosa, sabor potente y te deja un buen cuerpo y unas ganas de sofá...

Deliciosa, sabor potente y te deja un buen cuerpo y unas ganas de sofá…

Pues aquí os dejo mi explicación de la recetita:

ingredientes (5-6 personas pone él en su blog, yo creo que más bien sería para unas 4, depende del acompañamiento)

500 gr de cebolla (yo le puse cebolla blanca, roja y chalotas)

70 gr de mantequilla con sal

1 cucharada rasa de azúcar (moreno)

1 cucharada de harina

2 litros de agua (o caldo de verduras)

100 ml de vino blanco seco (como no tenía le di el toque de la tierra con la misma cantidad de Mistela)

1 dadito de caldo de verduras (no es necesario si utilizamos caldo en lugar de agua)

hierbas aromáticas (utilicé laurel y romero fresco)

200 gr de queso gruyère (no miré cantidad y encima usé emmental, vamos que estoy viendo que le hice poco caso al Bernard, jeje)

sal, pimienta y nuez moscada recién molidas

pan

Preparación

En primer lugar pelar y cortar en láminas las cebollas. En una sartén o cazuela antiadherente que esté ya bien caliente deshacemos la mantequilla y añadimos las cebollas para rehogarlas bien. Es preferible utilizar la sartén antiadherente como digo porque en un descuido es fácil que se pegue alguna cebollita. Mejor fuego bajo y tenerlas tapadas durante la cocción porque así no se evapora el agua de las cebollas y ayuda a que tengan más líquido, de todos modos si veis que os quedáis sin líquido podéis agregar un poco de agua. Yo le puse sal en este momento porque ayuda a que suden más las cebollas. Y también agregue el azúcar moreno en este paso para que ayudará a caramelizar un poco las cebollas. Este paso cuesta un ratin y hay que estar pendiente de la cazuela para que no se nos peguen las cebollas o acabarían con un sabor un tanto amargo.

Cuando ya tenemos las cebollas bien doraditas, habrán caramelizado y tomado un precioso color dorado-marroncito, añadimos la harina y removemos bien y a continuación el vino, le damos unas vueltitas y vertemos todo esto en una cazuela grande y de bordes altos. Estamos en este punto fuera del fuego, añadimos el agua/caldo, removemos y a continuación salpimentamos y metemos nuestro ramito de hierbas, la nuez moscada y el dadito de caldo si estamos utilizando agua. Llevamos al fuego y a ebullición, mantenemos la tapa puesta para conservar mejor el calor, pero no hay problema en quitarla si la cazuela es un poco pequeña.

Cuando ha hervido por primera vez, bajamos el fuego y mantenemos, removiendo de vez en cuando, durante unos 45-55 minutos. En la mitad de la cocción os aconsejo probar para comprobar el punto de sal. Si cuando la probáis os resulta que está bien pero parece un pelín sosa os diría que no le añadáis más sal. ¿Por qué? Hay que tener en cuenta que esta sopa es una reducción bestial del agua que le hemos añadido a las cebollas, por tanto a medida que va cociendo el sabor se concentra y puede acabar siendo un sabor muy fuerte si nos pasamos con la sal o la pimienta, algo que no se aprecia tomando solo una cucharada o dos pero sí cuando la estamos ya degustando en mesa, por eso: ¡atentos!

Mientras la sopa está cociendo podemos ir cortando el pan unas 5-6 rebanadas, no muy gruesas, por tazón. Pasados los 45 minutos, encendemos el horno en la función grill y preparamos los tazones de sopa, que deben ser aptos para horno. Ponemos en el fondo del tazón un par o tres rebanaditas de pan y queso. Añadimos la sopa que deseemos y cubrimos con el pan y más queso (la función del pan en este punto, aparte de estar delicioso después del grill, es hacer que el queso no baje hasta el fondo del tazón y se pueda gratinar bien. Cuando los tenemos listos los ponemos a gratinar, el tiempo es orientativo, unos cinco minutos, pero depende de la potencia del grill. Os aconsejo no ponerla muy cerca de la parte superior del horno, más vale tardar un poquito más en hornear que quemar el queso, ¿no?

Y listo, así de fácil; como os digo es más cuestión de tiempo que de dificultad.

Yo la servi con una ensalada de lechuga y escarola aderezada con vinagre de manzana, ¡el contraste de sabores era exquisito!

Pues aquí os abandono, no me he enrollado mucho esta vez más allá de la receta, ¿¿eh?? jejejej!!

A disfrutar esta maravillosa sopa y… ¡cuidadín no os queméis!

BON APPÉTIT!!!